EL ARTISTA DESVENTURADO

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Estatua de Cavanilles

El arnedano Leopoldo Ruiz de la Torre, notable pintor, vivió entre la desgracia profesional y la pobreza personal

ESTATUA DE CAVANILLES. 1880. POR LEOPOLDO RUIZ DE LA TORRE. ÓLEO SOBRE LIENZO.

CEDIDO POR EL MUSEO DEL ROMANTICISMO (MADRID).

EXHIBIDO EN EL NUEVO CINEMA (PASEO DE LA CONSTITUCIÓN 40, ARNEDO).

El pintor Leopoldo Ruiz de la Torre nació en Arnedo el 5 de noviembre de 1848 y fue bautizado en la parroquia de los Santos Cosme y Damián (una de las tres que existían por entonces en la ciudad) con los nombres de Zacarías, Leopoldo, Sebastián y Teodoro. Se le conoció por el segundo.

El riojano, influenciado por el impresionismo aunque respetuoso con los clásicos, cultivó distintos géneros en el arte de la pintura. Además de este óleo sobre la estatua de Cavanilles presente en La Rioja Tierra Abierta, volcó sus aptitudes en la realización de retratos (el del arnedano Pedro Agustín Herrero también está incluido en la exposición), paisajes (Cidacos), bodegones o cuadros religiosos.

Su notable talento, sin embargo, nunca encontró la ventura que quizá mereciese. Persona bohemia, incluso estrambótica y poco práctica en la administración de su economía, Leopoldo vivió siempre pobremente. Los altibajos propios de su profesión, así como su personalidad pendular, lo acompañaron tristemente hasta el fin de sus días en Zaragoza, donde murió posiblemente en 1908.

Durante su vida madrileña, estuvo rodeado de buenos arnedanos que lo ayudaron con frecuencia para garantizar su supervivencia. En aquellos años, le encargaron un retrato del rey Alfonso XIII en el Palacio Real y el pintor consideró que tal honor profesional cambiaría su fortuna. Pero no fue así y la desgracia nunca lo abandonó.

Aun sin estrella en vida, Leopoldo legó un buen número de obras para la posteridad. A las ya citadas, habría que sumar ‘De Toledo y maduritos’, ‘Costa de Nápoles’, ‘Un artista sin trabajo’ o ‘Stabat Mater’ como algunas de sus mejores producciones.

El coleccionista de plantas

Durante el siglo XIX, la ciencia y la pedagogía avanzaron sensiblemente. En 1745, nació el valenciano Antonio José de Cavanilles, precursor en España de las teorías modernas sobre el aprovechamiento de los recursos naturales y el desarrollo sostenible.

En 1801, fue nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid, el primero con formación científica, y allí permaneció hasta su muerte en 1804. Aunque sólo estuvo tres años, dejó su impronta. Sistematizó y aumentó los herbarios (en 1804, contaba con 12.000 especies), las colecciones de plantas vivas, semilleros y biblioteca. A su muerte, legó todo su trabajo al Real Jardín Botánico de Madrid, donde actualmente se conserva.

En uno de sus múltiples viajes, demostró que el cultivo de arroz detraía el agua que necesitaba el cultivo intensivo de otros productos más necesarios y que perjudicaba gravemente la salud.

Asimismo, recorrió parte de la Península Ibérica clasificando e inventariando la flora autóctona, y así descubrió nuevas especies y elaboró un tratado en seis volúmenes; también investigó la flora sudamericana y compuso un glosario de botánica en cuatro lenguas.

Una estatua realizada en bronce por Rafael Rubio y situada en la Alameda del Jardín Botánico tributa el legado del botánico valenciano. Fue inaugurada por el rey Alfonso XIII el 12 de Abril de 1905.

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