EL PINTOR MODERNISTA

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Retrato de Joaquín Costa, por Ángel Díaz Domínguez

Los trabajos del logroñés Ángel Díaz Domínguez florecen con claras influencias compositivas de Ignacio Zuloaga

RETRATO DE JOAQUÍN COSTA. POR ÁNGEL DÍAZ DOMÍNGUEZ. 1932. ÓLEO SOBRE LIENZO.

CEDIDO POR LA REAL CASA DE ADUANA (MINISTERIO DE HACIENDA). MADRID.

EXHIBIDO EN EL NUEVO CINEMA (PASEO DE LA CONSTITUCIÓN 40, ARNEDO).

Pintor, ilustrador gráfico y diseñador de carteles, Ángel Díaz Domínguez (Logroño, 1879) residió desde muy joven en Zaragoza, adonde marchó en busca de oportunidades artísticas. Allí comenzó su formación, más adelante completada en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y desarrolló sus trabajos más representativos (ilustraciones, carteles, murales), como las decoraciones del Centro Mercantil.

El riojano emigró a Madrid ya maduro (1932), con un marcado estilo modernista e influencias compositivas notables por parte de Ignacio Zuloaga en sus pinturas. En la capital, continuó participando en Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y en otras muestras colectivas hasta su muerte (1952).

Destaca el sentido decorativo de sus trabajos, tanto en el color como en la calidad del dibujo, combinado con una representación poética del entorno rural y escenas costumbristas.

Buen ejemplo de este talante son sus cuadros ‘Carreta en el camino’, ‘Fiesta en Aragón’, ‘Concierto’, ‘Vista desde la ventana’, ‘Romería’ o ‘La Familia’. Por su parte, ‘El retrato de Joaquín Costa’, expuesto en La Rioja Tierra Abierta, o el ‘Senatus Ecclesiae’, en el Museo de La Rioja desde 2010, perviven como testimonios históricos pintados.

El regeneracionista infeliz

<<El más adorable baturro que existe>>, decía de él Francisco Giner de los Ríos. El aludido, Joaquín Costa Martínez, nació en Monzón (Huesca) el 14 de septiembre de 1846, aunque al poco comenzó a vivir en Graus. Allí, inició sus estudios de Latinidad y descubrió una afición que nunca lo abandonaría: la lectura. <<Mi afición a los libros era desmesurada. Los que podía encontrar en Graus no servían ni bastaban a llenar ese deseo infinito de saber que bullía en mi alma>>, recordaba él mismo.

Todavía en Huesca, completó el bachillerato y alcanzó el título de maestro superior; ya en Madrid, se doctoró en Derecho civil y canónico (1872) y en Filosofía y Letras (1873). Enseñó, escribió y fue uno de los promotores del regeneracionismo. <<Denunciaba a los políticos de hoja perenne, de desordenadas ambiciones partidistas y personales, que ofrecen los datos con opacidad y manipulación, provocando como resultado el cansancio de la ciudadanía y su desapego>>, asegura el periodista Jaume Valles Muntadas.

Dicho movimiento intelectual propugnaba, en definitiva, el fin del caciquismo. Para ello, sus miembros hicieron hincapié en combatir la corrupción, fomentar la escuela y la cultura, reducir la pobreza y europeizar a la sociedad española, relativizando así la épica de la historia aprendida. «Escuela y despensa» y «doble llave al sepulcro del Cid para que no vuelva a cabalgar» son dos lemas que definen ese nuevo pensamiento en boca de su principal inspirador.

En 1904, se retiró en Graus, donde falleció siete años más tarde. <<Costa, sin duda, no fue feliz. Sus sueños no se vieron nunca satisfechos ni en el terreno académico, ni en el político, ni en el de los afectos>>, sentencia el escritor George J. G. Cheyne, autor de la biografía ‘Joaquín Costa, el gran desconocido’.

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