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Retrato de la artista Raquel Meller

Raquel Meller, hija de un aragonés y una riojana, fue la intérprete más célebre del cine español durante el primer tercio del siglo XX

RAQUEL MELLER. MITAD SIGLO XX. POR LEÓN ASTRUC. ÓLEO SOBRE LIENZO.

CEDIDO POR EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO.

EXHIBIDO EN EL NUEVO CINEMA (PASEO DE LA CONSTITUCIÓN 40, ARNEDO).

Un 9 de marzo de 1988, nació en Tarazona la cantante, cupletista y actriz más célebre del cine mudo español. Durante el primer tercio del siglo XX, no hubo nadie en nuestro país que hiciera sombra a Francisca Marqués López.

Hija de aragonés y riojana, la muchacha compartió largas temporadas de su infancia con sus abuelos paternos (Añón de Moncayo) y maternos (Inestrillas). También vivió en Francia, junto a una tía que era religiosa clarisa, antes de instalarse en Barcelona.

En la ciudad condal, conoció a la reputada Marta Oliver y ésta advirtió el talento de la joven Paca. Bajo su tutelaje, debutó en el salón La Gran Peña (febrero de 1908) como La Bella Raquel. Poco después, nacería definitivamente Raquel Meller.

Adoptó el apellido en recuerdo de un novio alemán y ya no lo dejó ir. En 1911, el Teatro Arnau asistió a su gran estreno y la cantante comenzó a encadenar éxitos interpretando temas de José Padilla, como ‘La Violetera’ y ‘El Relicario’.

Viviendo sobre la cresta de la ola, Meller estuvo casada durante tres años (1919-1922) con el escritor y diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo. En aquel entonces, grabó películas aclamadas, como ‘Violetas imperiales’ y ‘Carmen’, y celebró triunfos internacionales en Francia, Argentina, Uruguay, Chile y Estados Unidos.

En los años 30, el maestro Charlie Chaplin le ofreció un papel principal en la brillante ‘Luces de la ciudad’ (1931), aunque finalmente solo incorporó la música: ‘La Violetera’, que tantas veces ella había entonado, encajó como melodía principal en el largometraje.

La actriz era voz, belleza, elegancia, talento y unos tremendos ojos negros que forjaban su fotogenia turbadora. Siguió interpretando cuplés (gracias a ella, el género ganó en aceptación social) y rodando películas, como la versión sonora de ‘Violetas imperiales’. En 1936, la Guerra Civil interrumpió el rodaje de ‘Lola la de Triana’ y también truncó su carrera.

Durante el conflicto, residió en Argentina. Volvió a Barcelona con gran expectación para interpretar ‘La Violetera’ y se emparejó con el empresario francés Demon Sayac, del que se terminaría separando.

Sus tiempos de gloria habían pasado. Aunque intentó recuperar su buena estrella con nuevos proyectos sonoros, el público ya prefería a otras artistas emergentes. Habían olvidado a Raquel Meller.

Nunca tuvo hijos propios, pero adoptó a dos. El 26 de julio de 1962, alejada del espectáculo y olvidada por las bambalinas, falleció en el Hospital de la Cruz Roja de Barcelona. El entierro, en el cementerio de Montjuic, fue multitudinario, como la mayor parte de su vida.

Astruc, el retratista

El aragonés León Astruc (1889-1965) estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde especializó su estilo en el retrato (también fue cartelista). El bello homenaje que dedicó a Raquel Meller, expuesto en el Nuevo Cinema, fue a su vez portada de la popular revista cultural ‘La esfera’.

Además, Astruc ejerció como profesor de dibujo artístico y composición decorativa en la Escuela de Artes y Oficios, también en Madrid; acudió regularmente a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, donde obtuvo una tercera medalla en 1930 y una segunda en 1950; y ganó los concursos de las fiestas de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza en 1914, 1923, 1925 y 1929.

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